El cambio empieza en ti.

seanmcgrath / Free Photos

Cada vez que llega una pareja a consulta y doy inicio a la evaluación, suelo preguntarles en qué medida creen que están contribuyendo, cada uno de ellos, a que la relación NO funcione como les gustaría. Es interesante, porque ambos buscan autoculparse de aspectos propios, que por supuesto conocen y no saben manejar de forma adecuada. Esto me alegra mucho, “son conscientes” me digoa mi misma…pero unos segundos después aparece la afirmación del pero.

¿Y qué es esto? pues muy sencillo…cuando de repente cada uno de ellos empiezan a echar la culpa al otro de aquello que deberían cambiar para que ellos fueran más felices: “yo sé que no la escucho mucho…pero si ella fuera más cariñosa conmigo, yo la escucharía más”.

La mentalidad de ambos cambia rápidamente a echar la culpa al otro de la infelicidad y el mal avance de la relación. Así no se puede ser resiliente!!!

A ser resiliente se aprende asumiendo el poder del devenir de las cosas…el primer cambio ha de ser el mio…cambiar culpa por poder. El primer paso ha de pasar por pensar en ¿qué puedo cambiar yo para mejorar la situación?… y sobre todo, sabéis por qué??? “POR QUE ME CONVIENE DAR EL PASO“.

Si yo sé hacer los cambios pertinentes, tendré mayor control sobre las situaciones que me rodean (en caso de poder ser controladas) y no dependeré emocionalmente de que el otro mejore la situación para que yo esté mejor. Además, si yo colaboro en la mejoría, mi pareja se sentirá mejor, y estará más motivada para contribuir al mismo tiempo en ese cambio.

De modo que…deja de pensar en que “cuando él/ella cambie yo seré más feliz” y empieza a ver en qué medida puedes cambiar tú.

«Él ya lo ha superado…haz tu vida»

kharied / Stock Photos

Esta es una frase que hemos escuchado alguna vez, tras una ruptura que no acabamos de afrontar y que nos recuerda que “no le importábamos tanto…” (o al menos es como nosotros lo vemos).

La secuencia es la siguiente: llevas tiempo con una persona la cual pensabas iba a ser para siempre, él te deja y no lo superas…(al menos de momento). Pero como él, que lo tenía bastante claro desde hace un tiempo, lo lleva con naturalidad (vaya, incluso con alivio) sigue adelante con su nueva situación de soltería (de nuevo en el mercado) y a vivir la vida que son dos días!!

Sí, por supuesto, ese es el plan…pero el suyo.

A ti, la noticia de la ruptura te cae como un jarro de agua fría, no te lo esperabas ni en el peor de tus sueños (o no lo querías ver), has hecho lo imposible por hacerlo feliz y ¡¡así te lo paga!! No sólo te deja, sino que aparenta una normalidad, una libertad, una felicidad…que abruma y lo peor, te hace pensar que en realidad no te quería como tú a él.

Y encima, tienes que tragarte que la gente te anime diciéndote “él ya lo ha superado, empieza a hacer tu vida”… Pues no quiero. No me apetece hacer mi vida, porque yo la quería junto a él, y tengo derecho a procesar mi duelo, a patalear si es que así lo necesito, a tomarme mi tiempo para superar la pérdida, y a medida que lo vaya haciendo, a mi ritmo, iré haciendo mi vida.

Que para dar buenos consejos todo el mundo está preparado…pero…y para afrontar la realidad de la pérdida?

Rompiendo con el convencionalismo.

Mujer mayor mirando una foto que rompe con el convencionalismo en los mandatos familiares. Psicología de adultosEstamos tan acostumbrados por tradición, por cultura, por experiencia, a que los miembros de una misma familia se lleven bien, que cuando esto no es así, se nos viene el mundo abajo.

Tradicionalmente, las familias estaban estructuradas en base a un papá, una mamá, unos hijos, abuelos…y en ellas unos cuidaban de otros, tenían preocupaciones, dificultades, buenos momentos, afrontaban los problemas en “unión”….y al final todos se llevaban bien (eran felices y comían perdices).

Pero la realidad es otra y ¿qué pasa cuando esto no es así? Cuando no son felices, tienen disputas, se pelean, dejan de hablarse y se reconcilian o no después de muchos años de silencio? Pues lo mismo que siempre, sólo que a día de hoy, cuando no te lo cuentan, sino que es a ti a quien le ocurre, vale más la pena aceptar que no por ser mi … (hermana, prima, padre…) obligatoriamente nos tenemos que llevar bien.

Porque, ¿dónde está escrito que, porque estemos hablando de mi hermana (padre, madre, hijo…) “tengo que llevarme bien sí o sí”? la respuesta…ya la puedes suponer…”en ningún sitio”. Y es que, los convencionalismos de que la familia “obligatoriamente” se lleva bien, están para romperse (si es que toca hacerlo) y sufrir menos siendo conscientes de que la realidad supera a la ficción y que, aunque duela, también dentro de los miembros de una misma familia, las cosas no son como nos gustarían… o si?

La llegada de un hermanito y los celos del hermano mayor.

Warm ‘n Fuzzy / Stock Photos

Cuando pensamos en un niño celoso, a todos nos viene a la mente la imagen de un niño llorando, portándose mal, y generando muchas tensiones en el entorno familiar.  De modo que los celos los solemos anticipar como algo negativo, que va a perturbar (además de la llegada del nuevo hermano, que ya es un cambio importante por sí mismo) la paz familiar…

Esto no es así del todo, lo que ocurre en realidad, es que cuando un niño PERCIBE cambios en su entorno, ya sea por la llegada de un hermanito, por la cercanía de nuevas compañías, o cambios de otra índole, en las que CREE que sus privilegios se pueden ver afectados, trata, con los medios de los que dispone, de defenderlos para conservarlos.

Con esto pues, se trata de que intentemos generar un cambio de actitud en la idea que tenemos con respecto a los celos y los veamos como un proceso de cambio ambiental, ante el cual el niño está reaccionando (lo que significa que es consciente de ese cambio) y trata de adaptarse. Esto es lo adecuado cada vez que se produzcan estos hechos. Lo que además significa que los celos no sólo son buenos sino que, si no se dieran, el proceso de adaptación del niño estaría siendo inadecuado.

De modo que, los celos son funcionales: tienen la función de permitir que el niño se adapte a los cambios y consiga evolucionar con ellos.

Pero los celos también tienen otras funciones:
–    mostrarnos que la situación de exclusividad ha cambiado
–    nos aportan experiencia en las relaciones sociales
–    ayudan a adquirir compromisos, disminuyen el egocentrismo infantil
–    a compartir objetos y afecto, y
–    a comprender que el amor compartido no significa menos amor.

Los celos que nos han de preocupar:
Cuando el comportamiento del niño pasa de ser un cierto recelo ante la protección de sus privilegios a conductas de rabietas elevadas, pegar al otro hermano, y sobre todo esconder ese comportamiento ante los padres (sobre todo si se castiga el comportamiento celoso) y dar la conducta a espaldas de estos, hay que andar con ojo, por que no sabemos hasta dónde pueden llegar.

Antes de llegar a este punto, mejor, buscar ayuda.