Cuándo acudir a terapia de pareja.


Gregory Bastien / Free Photos

La mayoría de las parejas que llegan a consulta vienen con unas dificultades que han superado algunos límites de alarma. Y la cuestión es, ¿¿por qué no nos planteamos acudir a consulta cuando veamos aparecer alguno de los signos de alerta, sin que todavía se haya fraguado la batalla?? Y la realidad es que la mayoría de las veces no somos conscientes de ello.

Aquí os indico algunas de las señales de alarma más habituales con las que yo me encuentro en consulta:

1. El componente “ya-te-tengo”. Algunas parejas se dejan de cortejar, de enamorar, de hacer concesiones. Parece que ya no es necesario seguir “apostando” con el intercambio de refuerzo positivo por que “ya sabe que l@ quiero”, “si él/ella no lo hace, por qué lo voy a hacer yo…”. Este es uno de los detectores de “aquí se avecinan problemas”.

2. Consecución de logros. “Ya he conseguido ascender de novios a casados…ahora qué?” Algunas personas consideran que una vez alcanzado un escalón hay que ir a por el siguiente, sin pararse a disfrutar y consolidar lo suficiente el logro adquirido. ¿Hijos? Lo cual supone más responsabilidades y, si la relación aún no está consolidada, muchos problemas que no vamos a saber afrontar. A veces vale la pena pararse (de forma definitiva o durante algún tiempo más) en el punto en que eres feliz.

3. Sexo. Es uno de los pilares básicos de toda relación. De hecho es uno de los indicadores de cómo va la relación: si hay calidad en el sexo, la relación está funcionando; por el contrario, si hay bajo deseo sexual por parte de uno o ambos, si posponemos el momento de irnos a la cama juntos para evitar tener sexo, si cualquier excusa es buena para evitarlo…señal de alarma.

4. La percepción de la “Perdida de libertad”. La sensación de no tener mi espacio es real. De eso no hay duda, nueva situación vital y proceso de adaptación en marcha, pero es importante que nos dejemos tiempo para realizar actividades tanto juntos como individualmente. A ser posible, es conveniente mantener algunas de las actividades previas a la relación, siempre y cuando sean afines al tipo de relación de pareja. Si se genera una ruptura drástica, se abrirá una fisura en la relación, difícil de recuperar sin los cambios oportunos.

5. Facturas. Estar juntos y compartir, es sinónimo de afrontar problemas. Una vez más, la tensión que se genera con los problemas económicos, por lo que muchas parejas pasarán a lo largo de su vida, requieren de un sistema de comunicación adecuado dentro de la relación. De no ser así, es fuente de insatisfacción, muchas veces lo suficientemente fuerte como para generar de nuevo una alerta.

6. Familia política. Qué decir de este apartado. Cada uno de nosotros hemos sido educados dentro de un ambiente familiar particular. En el momento en que nos unimos a una persona que, evidentemente, viene de otro ambiente, sea cual sea, lo adecuado es tolerar. El objetivo es que la pareja se adecue, el uno al otro, y aceptar que la familia del otro “no va a cambiar” ni es nuestro objetivo (al menos no debería serlo). Si tratamos de hacer ver a nuestra pareja los desaciertos de su familia, al final, nuestra relación, lo pagará caro.

Pilar Solana Muñoz. Psicóloga Clínica.

http://www.almapsicologia.com

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