«Soy tímido, no antipático.»

Djinn (hache) / Free Photos

                Alguna vez te habrá ocurrido tener a alguna persona cercana que tiene ese “punto-rarito-de-ser” que puede incluso resultarte desagradable.

                          Ese amigo/amiga, que ha estado ahí siempre y nunca has llegado a conocer del todo. Sobre todo por que parece más antipático que otra cosa, y la verdad es que no dejas de tener contacto con él, porque cuando menos te lo esperas y otros te han dejado colgado…esa persona sigue ahí: apoyándote, ayudándote, ofreciéndote sus recursos para que sigas adelante.

                         Pero te sigue resultando…”rarito”. Pues bien, alguna vez, en vez pensar en que es un antipático, te has parado a pensar que tal vez sea tímido…???

                           Y qué tendrá que ver la timidez con la antipatía, te preguntarás…pues es fácil: nada.

                          Por antipáticas “tenemos” a las personas que no reaccionan exactamente como a nosotros nos gustaría, que se mantienen bastante al margen de determinadas conversaciones, que reaccionan mal cuando se les gasta una broma, que no suelen tomar determinadas iniciativas cuando los demás los “machacamos”, que muchas veces prefieren no salir, que cuando hablan lo hacen de manera muy sería y casi (diría yo) un pelín agresiva… pero es que , todo esto, muchísimas veces está relacionado con la timidez.

                   Las personas tímidas se ponen muy tensas cuando tienen que interaccionar a nivel social, les preocupa en exceso (y de forma irracional) lo que otros piensen sobre ellos, se les acelera el pulso sobremanera cuando los demás ponen sus ojos sobre ellos esperando una respuesta, se pasan mucho tiempo pensando lo que “toca o no toca” decir para que los demás los acepten….y esto, señores…cansa

Les cansa emocionalmente hasta el punto de ser más vulnerables que otras personas, de estar más tensas (y a la defensiva) ante determinados comentarios, de reir las gracias de otros solo porque se creen más graciosos, de sentirse rechazados…por tener un comportamiento que, simplemente por desconocimiento, no entendemos.

Las rabietas: empezando a poner límites a nuestros hijos.

~ Martin ~ / Foter / CC BY-NC

LAS RABIETAS: EMPEZANDO A PONER LÍMITES A NUESTROS HIJOS.

Cuando un hijo llega al seno familiar se plantean muchísimas dudas, sobre todo con respecto a “si sabremos cuidar de él”, pero a medida que va creciendo, no sólo nos importa, por supuesto, su salud, sino, la salud emocional de la familia.

Empiezan a crecer y con ellos, los problemas.  “Con lo fácil que parece cuando son otros los que educan!!” Pero eso de las rabietas, de poner límites… ”dónde está el libro de instrucciones?” por que, “los niños vienen con un pan debajo del brazo, pero las instrucciones vienen en otro idioma (si es que las traen!!)”.

Y es que, además de lo complicado que es, no sabemos cuándo empezar, ni cómo. Llegamos cansados de trabajar, además quedan las tareas del hogar, el cuidado del niño y su “formación” como personita. Sí, su formación, porque no nos olvidemos…los padres, principales educadores de nuestros hijos somos “formadores de adultos”. Y por eso, precisamente, toca poner límites.

Los límites, como así gusta denominar a las normas, suponen mucho desgaste de energía para los padres, por que si se inician, es interesante que se lleven a cabo de forma adecuada. Y son importantes tanto para el hijo como para los padres, en definitiva, para que haya una dinámica familiar saludable:

– Los niños nacen sin instrucciones incluso para funcionar ellos mismo, de modo que si les vamos enseñando por dónde pueden ir y la forma en la que se pueden desenvolver, les estaremos ayudando a ganar confianza.

– El niño desarrollará también la sensación de protección por parte de los padres si los ve con más fuerza y determinación que él, vaya, que es mejor que no se salga siempre con la suya y vean que nos ponemos serios.

– El niño estará aprendiendo cómo reaccionan los padres y de esta forma sabrá por donde sí y por donde no puede moverse y actuar.

– El niño estará desarrollando sus estrategias de afrontamiento a la frustración cuando vaya viendo que no siempre se va a salir con la suya. Y como yo les digo a los padres, esta es una de las mejores herramientas que podemos dar a nuestros hijos: cuando ahora piden una chuche y activan una rabieta para conseguirla, en definitiva “no pasa nada” si se la damos…pero como no siempre vamos a estar ahí para darles lo que quieran (cuando no los acepten en un grupo social, suspendan una asignatura, no los seleccionen en un trabajo…) es mejor que aprendan de sus primeras “pérdidas” pequeñitas y vayan desarrollándose como personas con actitudes saludables de afrontamiento.

Cuando lleguen a entenderlo, te lo agradecerán…y si no es así, tú tendrás tu conciencia de padre/madre tranquila. Habrás hecho lo mejor para ellos.

El cambio empieza en ti.

seanmcgrath / Free Photos

Cada vez que llega una pareja a consulta y doy inicio a la evaluación, suelo preguntarles en qué medida creen que están contribuyendo, cada uno de ellos, a que la relación NO funcione como les gustaría. Es interesante, porque ambos buscan autoculparse de aspectos propios, que por supuesto conocen y no saben manejar de forma adecuada. Esto me alegra mucho, “son conscientes” me digoa mi misma…pero unos segundos después aparece la afirmación del pero.

¿Y qué es esto? pues muy sencillo…cuando de repente cada uno de ellos empiezan a echar la culpa al otro de aquello que deberían cambiar para que ellos fueran más felices: “yo sé que no la escucho mucho…pero si ella fuera más cariñosa conmigo, yo la escucharía más”.

La mentalidad de ambos cambia rápidamente a echar la culpa al otro de la infelicidad y el mal avance de la relación. Así no se puede ser resiliente!!!

A ser resiliente se aprende asumiendo el poder del devenir de las cosas…el primer cambio ha de ser el mio…cambiar culpa por poder. El primer paso ha de pasar por pensar en ¿qué puedo cambiar yo para mejorar la situación?… y sobre todo, sabéis por qué??? “POR QUE ME CONVIENE DAR EL PASO“.

Si yo sé hacer los cambios pertinentes, tendré mayor control sobre las situaciones que me rodean (en caso de poder ser controladas) y no dependeré emocionalmente de que el otro mejore la situación para que yo esté mejor. Además, si yo colaboro en la mejoría, mi pareja se sentirá mejor, y estará más motivada para contribuir al mismo tiempo en ese cambio.

De modo que…deja de pensar en que “cuando él/ella cambie yo seré más feliz” y empieza a ver en qué medida puedes cambiar tú.

«Él ya lo ha superado…haz tu vida»

kharied / Stock Photos

Esta es una frase que hemos escuchado alguna vez, tras una ruptura que no acabamos de afrontar y que nos recuerda que “no le importábamos tanto…” (o al menos es como nosotros lo vemos).

La secuencia es la siguiente: llevas tiempo con una persona la cual pensabas iba a ser para siempre, él te deja y no lo superas…(al menos de momento). Pero como él, que lo tenía bastante claro desde hace un tiempo, lo lleva con naturalidad (vaya, incluso con alivio) sigue adelante con su nueva situación de soltería (de nuevo en el mercado) y a vivir la vida que son dos días!!

Sí, por supuesto, ese es el plan…pero el suyo.

A ti, la noticia de la ruptura te cae como un jarro de agua fría, no te lo esperabas ni en el peor de tus sueños (o no lo querías ver), has hecho lo imposible por hacerlo feliz y ¡¡así te lo paga!! No sólo te deja, sino que aparenta una normalidad, una libertad, una felicidad…que abruma y lo peor, te hace pensar que en realidad no te quería como tú a él.

Y encima, tienes que tragarte que la gente te anime diciéndote “él ya lo ha superado, empieza a hacer tu vida”… Pues no quiero. No me apetece hacer mi vida, porque yo la quería junto a él, y tengo derecho a procesar mi duelo, a patalear si es que así lo necesito, a tomarme mi tiempo para superar la pérdida, y a medida que lo vaya haciendo, a mi ritmo, iré haciendo mi vida.

Que para dar buenos consejos todo el mundo está preparado…pero…y para afrontar la realidad de la pérdida?