Evolución: la Era Digital.


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Recuerdo cuando era estudiante y daba clases de historia. En ella hacíamos ejes cronológicos para situar cada época y entender los avances que se habían hecho para facilitar la vida de las personas.

“Facilitar la vida de las personas” era el objetivo central de todo desarrollo, más calidad de vida, más humanización, más comunicación…y por fin lo hemos conseguido!

Ya estamos en esa “Era Digital” que tanto soñábamos cuando de pequeños veíamos “Regreso al futuro I, II y III”, o «Juegos de guerra» madre mía! Mi hermano y yo las habremos visto veces…! Cómo nos llamaba la atención toda esa tecnología del futuro que facilitaba tanto la vida a la gente, y los felices que los veíamos!

Pues bien, ya lo hemos conseguido, estamos en esa era de la comunicación en la que tenemos a nuestro alcance toda la información que queramos a un golpe de pulgar, podemos decirle a nuestros conocidos, familiares y amigos todo aquello que pensamos en “cero coma”, podemos hablar de forma gratuita con alguien que está a 10.000 kms de distancia, como si lo tuviéramos enfrente de nosotros, podemos visitar virtualmente la isla maravillosa a la que vamos a viajar este verano…sin movernos del sofá… la cantidad de cosas que podemos hacer…. Y somos infelices.

“Infelices”…. Qué paradoja! Pero la evolución, el desarrollo….no era para mejorar nuestra calidad de vida? La idea no era que la tecnología estuviera al servicio del ser humano?

Pero en realidad no es así. El ser humano está al servicio de la tecnología. Porque si no, cómo se entiende que en la era de la comunicación sea cuando menos nos comunicamos, cuando menos nos entendemos, cuando menos desarrollamos nuestras habilidades en pareja, en familia, con nuestros amigos…en detrimento de nuestra salud emocional?

Vemos a parejas sentadas a la mesa de un restaurante mientras ambos escriben en sus móviles sin mirarse a la cara, personas cruzar la calle sin levantar la mirada de esas minipantallas, niños en un cumpleaños que sólo se envían mensajes a través de una aplicación móvil, bebés que llevan un juego electrónico para entretenerse mientras sus padres conversan con otras personas…

Y todo esto trae como consecuencias soledad, inseguridad, déficit de habilidades sociales, problemas de comunicación en pareja, infidelidades, rupturas, nomofobia (fobia a salir de casa sin el móvil), ciberbullying (acoso en la red), phubbing (menospreciar a nuestro acompañante por hacer caso al móvil), fomo (miedo a perderse algo), …y ya ni siquiera en casa tenemos a nuestros hijos a salvo de malhechores a través de la red.

Hacia dónde estamos evolucionando?

Pilar Solana, Psicóloga Clínica CV-04.650

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Cuestión de actitud.

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Decide tu camino a seguir

Como cada lunes me despierto enfadado, pensando que otra vez es lunes. Será posible…con lo bien que estaba yo el fin de semana. Otra vez a aguantar las impertinencias de mi jefe, a esperar que pase toda la semana y llegue de nuevo el viernes… (1 día perdido a nivel emocional)

Vaya hombre, ya es martes, pero caray, hoy tengo un día difícil, tantas cosas que hacer….y no llego. Tenía que haber nacido rico, o con algo más de suerte. Entre el trabajo y las actividades de los nanos….llega a casa por la noche, ponte con la cena….Buf. (2 días perdidos)

Bueno, parece que va pasando la semana. Pero mira que se me hace larga….miércoles pero ha salido nublado. Con lo que me gusta el sol a mí! Si me hubiera tocado vivir en el caribe…anda que no viven bien allí. Todo el año veraneando. (3 días perdidos)

Jueves, mañana ya es viernes. Ya va quedando menos. Pero estoy tan cansado ya con lo que llevo andado esta semana. Todos los días igual. Levántate, niños al cole, corre al trabajo, recoge a los nanos, actividades extraescolares, compra, trabajo atrasado…maldita sea! Qué vida me ha tocado! (4 días….)

Por fin es viernes! A ver si consigo llegar al final del día. Aún me queda una larga jornada laboral. Y mi churri ya me ha dicho que esta tarde se retrasará, así que me toca de nuevo recoger a los nanos….vaya…con lo contento que estaba yo con que ya era viernes…. A ver si mañana se presenta mejor el día. (5…)

Sábado! Vaya hombre! Para un día que podía dormir, ya se han despertado los niños. Y seguro que no nos dejan un rato de descanso. Total, para dos días que tenemos….si hoy no descanso, mañana ya es domingo y llega el lunes… (6)

¿Ya es domingo? Pero qué rápido se me ha pasado!! A lo que me de cuenta estamos a domingo tarde y a prepararse para el lunes…. (7)

Y vuelta a empezar.

Te suena? Pues igual te interesa cambiar tu actitud.

La vida no está hecha como un traje a medida. La vida es la que es. Pero igual que todos los días no comemos a la carta, sino que intentamos hacer el mejor plato posible con los ingredientes que tenemos en la nevera, con la vida ocurre lo mismo, se trata de sacarle el mejor partido a lo que se te presenta cada día.

El día a día no es ideal. Pero es tu día, tu semana, tu mes…..es tu vida. Si no quieres arrepentirte dentro de un tiempo de haber malgastado tu vida, párate a pensar si no te interesaría cambiar la actitud con la que te enfrentas a ella.

La vida no puedes cambiar, tu actitud, sí.

“Cuando no somos capaces ya de cambiar una situación, nos enfrentamos al reto de cambiar nosotros mismos.” Víktor Frankl

Pilar Solana. Psicóloga Clínica

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Unos días sin mi móvil.

En esta ocasión os presento un hecho real, un relato «estremecedor» que nos podría ocurrir a cualquiera….

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EL DÍA EN QUE MI MÓVIL DECIDIÓ JUBILARSE EN NAVIDAD.

El pasado 22 de diciembre, estaba hablando por teléfono con mi pareja. Era pronto, aún no había empezado el sorteo de Navidad. Todo parecía ir como debía ir, era un buencomienzo de día.
Al colgar el teléfono, éste bailó entre mis manos y cayó. Estaba hablando junto a la barandilla de una escalera, con lo que vi cómo mi móvil caía tan lentamente como veía los datos del mismo subir hacia mí. Al llegar al suelo, unos cuatro metros más abajo, sólo se oyó un ruido seco, un poffff.
Al llegar parecía que sólo se había soltado la carcasa y la batería. Lo monté y vi que se encendía, parecía que iba bien, hasta que vi cómo se veía, o mejor, como NO se veía. La pantalla estaba intacta pero el líquido de dentro iba a su aire viéndose la gran parte de color negro y la otra multicolor a rayas, vamos que no se veía nada más que un par de centímetros de la pantalla.
Tras intentar recuperarlo, admití que ya no iba a poder usarlo. En realidad, vi que se podía usar “perfectamente”, solo había que tener un poco de paciencia y girar el móvil para ver la pantalla a trozos.
Claro está que podía ir a arreglar la pantalla. Busque por internet, del portátil que no del móvil claro, y vi que no era rentable pues se trataba de un móvil de ya dos años de antigüedad, claro ya era viejo.
Cuando decidí comprarme uno, me vi en la aborágine de las compras de navidad y no podía mirar uno que me fuera a resultar apropiado.
Tuve que decidir y pensé “si hasta hace algunos años vivíamos sin usar los datos e incluso sin móvil, que no podré superar yo, con lo hábil que soy”, “qué narices, un descanso de redes sociales me vendrá bien”.
A las doce horas, ya estaba buscando como ver a través de la pantalla rota, como si estuviera codificado, al estilo de las plataformas de TV que codifican la señal.
“Bueno”, me decía,” tampoco pasa nada”, pensaba hasta que llegó nochebuena y no paraba de sonar el móvil por la llegada de WhatsApp y correos que no podía ver, claro. Decidí enviar mail para decir a mis amigos que no tenía WhatsApp ni internet, en donde estaba no tenía acceso a internet. Mi sorpresa es que la gente contestaba a mis mails, no reaccionaban de forma adecuada a mi mensaje de “no puedo recibir a través de internet”.
A los que me interesaban realmente, los llamaba por teléfono o les enviaba un SMS de la otra línea que tengo, ésta sin datos. ¿Recordáis lo que es un SMS? Sí, son aquellos mensajes con los que empezamos a comunicarnos con los móviles, allí por los finales de los 90. Pero mucha gente ya ha perdido la costumbre de enviar SMS y envía WhatsApp esperando que los recibamos.
Lo que finalmente pasó es que estuve desconectado socialmente en unas navidades. No pude felicitar, como en los últimos años, a los “amigos”. No pude compartir en Facebook mi estado, ni en Twitter, ni decirles que estaba desconectado, ni publicar en Instagram ninguna foto, en definitiva, no pude comunicarles mi estado. Ellos pensaban que estaría de viaje y no me felicitaban o lo hacían por WhatsApp. Finalmente consiguieron entre unos y otros que me sintiera solo, que no tenía amigos, que era fóbico social, un antisocial, un paria de la sociedad, como cuando te decían, “¿pero no tienes WhatsApp?, ¿en qué siglo vives?”…
La sorpresa fue cuando me pude comprar un móvil nuevo (ya sin tanto trasiego de compras navideñas), envié un mail explicándolo a mis contactos y pidiendo que reenviaran mensajes importantes, pudiendo ver que la gente sí que me había felicitado y algunos se habían enfadado porque no les había contestado, pero no se habían extrañado.
¿Vivimos en una sociedad tan esclava de las redes sociales?
¿Podemos vivir sin móvil?
¿Hasta dónde vamos a llegar?
¿Quién pone el límite?
¿Soy un adicto a las redes sociales?
¿No sabemos que hacer sin el móvil en la mano?
¿Si nosotros no se lo vimos a nuestros padres y estamos así de enganchados, que les ocurrirá a nuestros hijos que nos ven continuamente con el móvil en la mano? ¿Les podremos exigir luego que no lo usen más que a horas determinadas?
Puedo seguir dependiendo de las redes sociales y no saber superarlo, o enfrentarme a estas adicciones para afrontarlo, y , para ello, mejor me busco un buen psicólogo que me eche un cable.

J.C.

Pues bien, espero que hayamos aprendido algo de esta historia, que de estremecedora tiene poco, pero mucho de real.

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Sobre mí

Pilar Solana-95

Hola, me gustaría hablarte de mí como lo hago habitualmente, con naturalidad, como si estuviéramos frente a una taza de café.

Mi nombre es Pilar Solana y soy Psicóloga Especialista en Psicología Clínica.

Terminé mis estudios en la Facultad de Psicología de Valencia en el año 1995 (cuánto tiempo hace de eso ya!), y en  1996, mientras cursaba un Máster en el Centro de Terapia de Conducta de Valencia, abrí mi consulta privada.

Desde entonces han pasado muchos años (casi 30 años!), a través de los cuales he tenido muchas experiencias profesionales. Por un lado con compañeros psicólogos con los que he compartido trabajo en equipo, por otro lado con casi más de una docena de psicólogos recién licenciados o en últimos años de carrera a los que he formado (y continuo haciéndolo) y que hoy en día trabajan de forma independiente y, sobre todo, con los pacientes que he podido ayudar y que tanto me han proporcionado.

Mis pacientes me han permitido aprender a ver a las personas. Personas  que llegan a consulta con problemas emocionales, con sufrimiento, con desesperación muchas veces, sin saber si éste será, por fin, el lugar donde alguien les pueda ayudar.

He aprendido a ver que a mis pacientes les duele el alma.

A día de hoy, gracias a mi formación como PSICÓLOGA CLÍNICA, al resto de formación que me ha permitido ahondar en los problemas de la personas, a la experiencia lograda tras estos años en consulta privada, y a las necesidades de los pacientes en los últimos años, he decidido mostrarte mi trabajo a través de esta página, en la que espero puedas resolver tus dudas y permitas, si así lo necesitas, que te ayude a mejorar al igual que más de varios miles de pacientes en toda mi carrera profesional han hecho.

Gracias a todos mis pacientes, por la confianza, el esfuerzo realizado y las ganas de vivir.

Para mí también ha sido (y continua siendo) una LECCIÓN DE VIDA.

Pilar Solana Muñoz

Psicóloga Clínica. CV-04.650

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«¡Me pones de los nervios…!»


CdePaz / Foter / CC BY-NC-SA

¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase de nuestro interlocutor?

Que nos echen la culpa de nuestro comportamiento para justificar el suyo es bastante común en una sociedad que suele dedicarse a hacer atribuciones externas cuando tiene que ver con algo negativo (siempre es más fácil echar la culpa a los demás).

Desde «el profesor me tiene manía» hasta el «no me provoques que no quiero gritarte», hay un amplio abanico de comportamientos que algunas personas tratan de justificar, por no mirar hacia adentro y hacerse responsables de su ACTITUD y como consecuencia, de su COMPORTAMIENTO.

Seamos maduros ya, y tomemos las riendas de nuestra vida, que bien sabemos defender esto cuando de aspectos positivos se trata, y tomemos la decisión tanto en nuestro beneficio como en el del otro (a ambos nos va a beneficiar). De modo que si somos consecuentes, no vamos a tener que estar constantemente buscando echar balones fuera (cuesta mucho más esfuerzo y genera más problemas) que si nos decidimos a ser responsables y hacer atribuciones internas.

¿Qué significa hacer atribuciones internas? Pues ser consciente que nuestro comportamiento y/o nuestra reacción emocional depende de nuestra actitud, es decir, de lo que pensamos acerca de la situación que estamos viviendo en ese momento. De la misma forma que no nos cuesta (y entendemos que es necesario) «actualizar» el software y las app de nuestros ordenadores y smartphones, adaptemos nuestra actitud, nuestros actos. Nos conviene tener en cuenta que, aunque condicionados por el exterior, van a estar determinados (dirigidos, guiados) por nuestra forma de «leer» esa situación y como consecuencia vamos a controlar y reaccionar de forma más adaptativa.

Pilar Solana. Psicóloga Clínica CV-04.650

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