Discusiones en la pareja.

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Como ya hemos ido comentando en otros posts, las discusiones en pareja son normales, y son necesarias, sobre todos aquellas que se consideran funcionales, es decir, que tienen un objetivo: solucionar.

Pero hay otras ocasiones, tal vez más de las que nos gustaría, que las dicusiones se convierten en verdaderas «batallas campales» en el salón de casa (o allí donde la pareja se encuentre). Es a ese tipo de discusiones a las que me gustaría hacer referencia: a las escaladas aversivas.

Aquellas en las que uno de los miembros de la pareja empieza a hablar, el otro no lo escucha y le corta en cuandto puede, a su vez el primero sube el volumen para sentirse escuchado, pero el otro, de nuevo, sigue subiendo el tono y ya ninguno de los dos está escuchando. Cada vez sube más el volumen de la discusión y cada vez se escuchan menos, sólo están centrados en su monólogo interno, donde están buscando los «es que tú», «pues mira que tú»…

Pues bien, en esos momentos en los que sólo estamos buscando en nuestros archivos internos para reprocharnos aspectos negativos del otro, y donde sólo vamos a terminar diciendo y escuchando cosas que causarán dolor, y desde luego, no vamos a solucionar, negociar, pactar, resolver, crecer… STOP.

¿Qué hacer en esos momento? Esto no es fácil, pero quién dijo que lo fuera…? Lo inteligente ahí es parar la escalada. Pero, ¿cómo?… previamente pactado por la pareja, habría que establecer una señal, no verbal a ser posible, para que en el momento en que se empiece a disparar la situación, uno de los dos, el que más control tenga en ese momento, muestre la señal al otro y desaparezca de la escena. De este modo, ambos deben mantenerse «alejados» hasta que se hayan calmado, y una vez más serenos, puedan volver a enfrentarse a la situación con el fin de solucionar.

Si estuviéramos ante un tema que no hay manera de resolver de esta forma, mejor dejarlo hasta que sepamos manejar la comunicación funcional (que veremos otro día).

La pregunta en estos momentos es «¿Para qué parar si de esta forma no resolvemos nada?»… Respuesta: mucho mejor frenar que discutir, pelear y guardar más información negativa (incrementando así el nivel de malestar en la pareja). En realidad sí estamos resolviendo: ya no hay caida libre en pareja.

A esto, me gustaría añadir un ejemplo real comentado esta semana en consulta. Con permiso de A.:

Paciente: «¿Y si ninguno de los dos queremos parar?»

Psicóloga: «¿Con qué objetivo?»

Paciente: «Desahogarnos, descargar contra el otro»

Psicóloga: «¿Echarle la culpa al otro de tu malestar (Ira)?»

Paciente: «Sí»

Psicóloga: «¿A qué precio?»

Paciente: (cabizbaja) «Al de poner en peligro la relación»

Psicóloga: «¿Valió la pena?»

Paciente: «No. Él estuvo a punto de irse de casa»

Psicóloga: PUES PARAD.

………………………………………………………………………Te suena de algo???

Ataques de ira.

Puño cerrado golpeando un pc que describe un ataque de ira en psicología. Pilar Solana blog de Psicología.

El enfado es una emoción que todos nosotros hemos sentido y no “alguna” vez en nuestra vida, sino con la frecuencia suficiente como para estar familiarizados con él. Cada vez que nos sentimos agredidos por el comportamiento de otros, que creemos que han violado nuestros derechos, o los de “nuestra gente”, cada vez que percibimos una “injusticia”, etc. Pero es una emoción con la que convivimos y la mayoría de las veces, pasado un tiempo prudencial, vamos controlando y desaparece.

Pero alguna vez hemos llegado a tener alguna “explosión” de enfado, o lo que los profesionales de la salud mental llamamos “Ataques de ira”. En estos casos el comportamiento que manifestamos no es una simple cara gruñona o un mal gesto de desaprobación…sino que aquí, literalmente, perdemos el control: gritamos, insultamos, damos golpes, lanzamos objetos…cualquier gesto agresivo es poco para mostrar el desproporcionado desacuerdo con el “causante” de nuestro mal humor.

Y es que en esos momentos, lo que en realidad sentimos es odio. Odio que provoca un comportamiento violento como respuesta motora ante la gran cantidad de emociones negativas que nos invaden. Por dentro sentimos que vamos a explotar, que necesitamos sacar todo ese dolor porque de otro modo no podríamos mejorar nuestro estado y eso acabaría con nosotros. Pero he aquí otro problema: la ira sólo nos lleva a más ira. Esto significa que por un lado, si reaccionamos con ira, es fácil que nuestro “oponente” reaccione de forma similar…lo cual nos llevará a una escalada aversiva. Y por otro lado, mientras reaccionemos con ira, nos estaremos entrenando en un comportamiento que solo nos permitirá reaccionar así la próxima vez.

Las consecuencias de los ataques de ira son importantes:
– Hacemos daño a los demás. Los ataques de ira pueden darse ante cualquier “injusticia” y ante cualquier persona, pero sobre todo tenemos tendencia a comportarnos así ante las personas más cercanas, con las que convivimos: pareja, padres, hijos, hermanos…
– Nos hacemos daño a nosotros. Después de todo, nos sentimos culpables, por que hemos hecho daño a personas que nos quieren y queremos mucho. Vergüenza, culpa, son algunos de los sentimientos con los que después tenemos que lidiar, y seguramente no sabremos cómo hacerlo.
– No solucionamos. Empeoramos porque la otra persona nos va a ir teniendo en cuenta este comportamiento, y el perdón cada vez se hace más difícil de conseguir. La confianza se va perdiendo y restaurar estos valores cada vez está más lejos.
– Seguiremos dando este patrón de conducta. Como es una “conducta de seguridad” que damos ante nuestra gran sensación de tensión, nos entrenamos en hacerlo así de mal y cada vez nos va a resultar más difícil reaccionar de una forma adaptativa.
– Pagaremos caro nuestro comportamiento. No sólo porque las personas que nos ven reaccionar así van “etiquetándonos”, sino porque al final acabamos teniendo problemas con nuestros amigos, en el trabajo, incluso a nivel “legal” si hemos provocado algún altercado.

La realidad final es que los ataques de ira son reacciones descontroladas que sólo nos van a traer problemas, de modo que, si te encuentras en estas circunstancias… más vale remediar….

… LOS ATAQUES DE IRA TIENEN SOLUCIÓN. BUSCA UN PSICÓLOGO CLÍNICO QUE TE AYUDE.

Cuándo acudir a terapia de pareja.

La mayoría de las parejas que llegan a consulta vienen con unas dificultades que han superado algunos límites de alarma. Y la cuestión es, ¿¿por qué no nos planteamos acudir a consulta cuando veamos aparecer alguno de los signos de alerta, sin que todavía se haya fraguado la batalla?? Y la realidad es que la mayoría de las veces no somos conscientes de ello.
Aquí os indico algunas de las señales de alarma más habituales con las que yo me encuentro en consulta:

1. El componente “ya-te-tengo”. Algunas parejas se dejan de cortejar, de enamorar, de hacer concesiones. Parece que ya no es necesario seguir “apostando” con el intercambio de refuerzo positivo por que “ya sabe que l@ quiero”, “si él/ella no lo hace, por qué lo voy a hacer yo…”. Este es uno de los detectores de “aquí se avecinan problemas”.


2. Consecución de logros. “Ya he conseguido ascender de novios a casados…ahora qué?” Algunas personas consideran que una vez alcanzado un escalón hay que ir a por el siguiente, sin pararse a disfrutar y consolidar lo suficiente el logro adquirido. ¿Hijos? Lo cual supone más responsabilidades y, si la relación aún no está consolidada, muchos problemas que no vamos a saber afrontar. A veces vale la pena pararse (de forma definitiva o durante algún tiempo más) en el punto en que eres feliz.


3. Sexo. Es uno de los pilares básicos de toda relación. De hecho es uno de los indicadores de cómo va la relación: si hay calidad en el sexo, la relación está funcionando; por el contrario, si hay bajo deseo sexual por parte de uno o ambos, si posponemos el momento de irnos a la cama juntos para evitar tener sexo, si cualquier excusa es buena para evitarlo…señal de alarma.


4. La percepción de la “Perdida de libertad”. La sensación de no tener mi espacio es real. De eso no hay duda, nueva situación vital y proceso de adaptación en marcha, pero es importante que nos dejemos tiempo para realizar actividades tanto juntos como individualmente. A ser posible, es conveniente mantener algunas de las actividades previas a la relación, siempre y cuando sean afines al tipo de relación de pareja. Si se genera una ruptura drástica, se abrirá una fisura en la relación, difícil de recuperar sin los cambios oportunos.


5. Facturas. Estar juntos y compartir, es sinónimo de afrontar problemas. Una vez más, la tensión que se genera con los problemas económicos, por lo que muchas parejas pasarán a lo largo de su vida, requieren de un sistema de comunicación adecuado dentro de la relación. De no ser así, es fuente de insatisfacción, muchas veces lo suficientemente fuerte como para generar de nuevo una alerta.


6. Familia política. Qué decir de este apartado. Cada uno de nosotros hemos sido educados dentro de un ambiente familiar particular. En el momento en que nos unimos a una persona que, evidentemente, viene de otro ambiente, sea cual sea, lo adecuado es tolerar. El objetivo es que la pareja se adecue, el uno al otro, y aceptar que la familia del otro “no va a cambiar” ni es nuestro objetivo (al menos no debería serlo). Si tratamos de hacer ver a nuestra pareja los desaciertos de su familia, al final, nuestra relación, lo pagará caro.

Pilar Solana – CV-04.650 – Psicóloga Clínica