Cuando una relación de pareja termina.

seyed mostafa zamani / Stock Photos

Cuando una relación de pareja termina, parece que no existe el mañana.

La persona que es “dejada” siente que todo su mundo se viene abajo, que nunca va a superar esa situación, que nunca conseguirá volver a ser feliz y por supuesto, que su vida va a continuar…pero sin pareja. O lo que es lo mismo, se abre una puerta al miedo a la soledad que roza (muchas veces supera) lo irracional.

“Siempre estaré solo”, “nadie me va a querer como ella”, “nunca conseguiré volver a ser feliz”, “no puedo vivir sin él”… son algunos de esos pensamientos irracionales.

Si a esto le añadimos que “todo me recuerda a él”, no hago más que escuchar “nuestra canción” o cualquier canción con contenido irracional (todas aquellas que se llaman canciones de amor) en las que los mensajes son del tipo “sin ti no soy nada”, “no puedo vivir sin tu amor”, “mi vida eres tú”… que además no hago más que mirar las fotos de aquella época en la que éramos tan felices, que sólo hablo del tema con mis amigos, que sólo veo parejas felices por la calle, gente haciendo planes de futuro, que ahora (con esto de las redes sociales, tan populares todas ellas) me dedico a meterme en su “muro” para ver lo bien que le va, lo social que se ha vuelto, la cantidad de “amigos” nuevos que tiene….”todo el mundo es feliz menos yo”.

Mi planteamiento es: no me extraña que te sientas así de mal, porque ya con todo tu duelo en marcha, sólo te falta machacarte más con esas ideas irracionales que aún no sabes manejar …

Párate y piensa si vale la pena seguir sufriendo. La respuesta, por si no lo tienes claro, es “no”.

El valor del “perdón”.

quantumlars / Free Photos

Como es habitual, al hablar del perdón, nos encontramos con ideas irracionales (siempre hablo desde mi experiencia clínica) que nos impiden que veamos las situaciones de forma objetiva y lo más probable es que acabemos equivocándonos.

Cuando pensamos en perdonar a esa persona (amigo, familiar, y sobre todo, pareja) que ha hecho “algo” que nos ha perjudicado, entre otras cosas, creemos que:

– El perdón va en beneficio del otro: “encima sale ganando”.

– Si lo perdono quedará como que no ha pasado nada.: “creerá que no me ha dolido y lo repetirá”.

– Es como si diera igual, como si le permitiera hacer lo que quiera: “se va a burlar de mi”.

– “Perdono pero no olvido”

– “Con perdonar ya está todo arreglado”, “a partir de ahí, ya como si nada…”, “a seguir como siempre”.

En fin, como si todos los beneficios de mi perdón fueran a parar a las arcas de mi “enemigo” y yo, después de hacer el esfuerzo, quedara como un tonto.

PUES NO.

TODO ESTO NO ES CIERTO.

TODAS ESTAS IDEAS SON IRRACIONALES y conviene que las cambies por que:

– El perdón va en beneficio del que perdona.

– Habrá un antes y un después. “Asúmelo”.

– “Te doy otra oportunidad, aprovéchala”.

– Una cosa es olvidar y otra, muy distinta por cierto, es perdonar.

– Después de perdonar, decide cuál es el tipo de relación que prefieres mantener con esa persona, si es que aún quieres mantener la relación (del tipo que sea).

¿QUIERES SABER LOS ARGUMENTOS…?

Primero piénsalos tú….y después, te cuento.

Cuando el doliente es un niño.

Pink Sherbet Photography / Free Photos

La mayor parte del tiempo, cuando hablamos de dolientes (personas en proceso de duelo) pensamos en adultos, pero los niños también pasan por ese proceso.

Normalmente, a nuestros niños, los queremos proteger tanto que realmente los mantenemos al margen de situaciones vitales (en sus vidas también) y en lugar de ayudarlos, como es nuestra intención, estamos retrasando su propio proceso de duelo (que obligatoriamente y por su salud emocional deberán pasar) y además contribuimos a que su confianza en nosotros disminuya (por que al fin y al cabo, con comentarios como “no pasa nada” cuando nos ven llorar, no ayudamos a que confien en nosotros).

En estos casos, y siempre teniendo en cuenta la situación del menor, es recomendable actuar según unos parámetros:

– Las malas noticias las dará una persona de mucha confianza para el niño, a ser posible uno de sus padres, o los dos. En un ambiente seguro para el menor, como puede ser el salón de su casa y con poca gente alrededor.

– Iniciaremos la conversación recordándole (si era conocedor de la situación) lo que estaba ocurriendo “recuerdas que el abuelito estaba muy malito y se lo habían llevado a curarlo…?”.

– Decirles la verdad, adaptándola a la edad del niño: “el abuelito estaba muy muy muy enfermo y se ha muerto”, en lugar de utilizar frases como “se ha dormido para siempre”, “se ha ido de viaje”.

– Mostrar sentimientos delante del niño: si tenemos ganas de llorar, lloramos. Si estamos tristes y nos pregunta, le decimos que estamos tristes. Así estaremos alentando a mostrar sentimientos con naturalidad y a que confíe en nosotros porque ve que no estamos “como siempre” y somos sinceros con él.

– Esperar a que el niño haga preguntas y le contestemos con la mayor naturalidad posible, animándolo a que pregunte sin miedo y se exprese.

Sobre todo PADRES DE ESOS NIÑOS A LOS QUE TENÉIS QUE DAR MALAS NOTICIAS: hemos de echar mano del sentido común, de la serenidad, del amor hacia nuestros hijos y la limitación que tenemos porque para esto, nadie nos prepara.

Agorafobia con ataques de pánico.

Fobia a los espacios abiertos.
Fobia a los espacios abiertos.

Un buen día te das cuenta que estando fuera de casa empiezas a sentirte mal, te angustias, no haces más que darle vueltas a lo mal que te encuentras, físicamente empiezas a notar que te va a dar algo (“me voy a desmayar”), que no tienes el control (“esto es horrible”), como si te fueras a poner tan enfermo que… y huyes de ese lugar, te da igual con quién estuvieras y dónde te encontraras, sólo piensas en salir de ese lugar y llegar a tu casa.

Y en el momento en que entras en tu casa, todo desaparece, la sensación se diluye y notas calma…tranquilidad. “Menos mal que me he venido, si no…”.

Pero, al día siguiente, cuando te dispones a salir de nuevo…”Ups…!!”, parece que vuelve a ocurrir, “otra vez el malestar”, “a ver si me va a dar algo…”, “y si me quedo en casa…no vaya a ser…”. Y te quedas en casa. No le quieres dar importancia, seguro que con el paso de los días se regularán tus sensaciones y el malestar desaparecerá (te dices a ti mismo), pero no es así, y una vez iniciado el proceso de conductas de seguridad (quedarte en casa, o salir acompañado, o salir por sitios seguros para ti, sin alejarte demasiado…) ya no hay vuelta atrás. El proceso Agorafóbico ha empezado, los ataques de ansiedad te han pillado y ahora sólo queda APRENDER  a afrontarlo.

Sí, digo AFRONTARLO, porque esto, tiene solución.

“Se van a dar cuenta de que tengo ansiedad…”

Meredith_Farmer / Free Photos

En las situaciones sociales que nos angustian, muchas veces pensamos cosas como “pensarán que soy raro…”, “que no soy interesante…”, “se darán cuenta de que tengo ansiedad…”

Y mi pregunta ante estas inquietudes, que por supuesto son incómodas (a todos nos ha pasado alguna vez), molestas, desagradables…. es “¿Y….QUÉ?” (si e dan cuenta o lo piensan). Es más, dependiendo del grado de malestar que sintamos ante esa situación, con más o menos probabilidad, nuestros interlocutores POR SUPUESTO que se darán cuenta, al menos, de que estamos incómodos… “¿Y…?”

¿Es que vosotros nunca habéis pensado “Uy…parece que está nervioso/a”? ¿Y qué ha pasado después de eso? ¿Habéis dejado de hablar con esa persona? ¿Se lo habéis contado a todo el mundo con el que habéis hablado a partir de esa situación? ¿Ya no habéis dejado de hablar del tema…? No…No…No…No…

Por que si a fin de cuentas, alguien se da cuenta que estás nervioso, lo peor que puede pasar es que piense “Vaya…está nervioso/a”.

En busca del romanticismo.

Embracing Peace, Seward Johnson. Agosto 2015,NY.
Embracing Peace, Seward Johnson. Agosto 2015,NY.

En la mayoría de las relaciones de pareja ocurre lo siguiente: ella es más romántica que él (salvo excepciones) y a medida que la relación se intensifica y se estabiliza, la balanza se va decantando más por uno de los lados.

A las chicas, desde pequeñas, se nos educó en una idea romántica, en la que un príncipe azul vendría a rescatarnos y cuidaría de nosotras para siempre… Pero los tiempos cambian y no vivimos en un cuento, así que chicas, mejor aprender a pedir.

¿Por qué digo pedir? sencillo: en consulta me encuentro con parejas que no tienen comunicación, en las cuales, ella dice que le encantaría que él le preparara una cenita romántica, o le llevara una flor de vez en cuando , o…. y yo le digo “pideselo” y entonces ella dice “si se lo pido ya no es romántico” a lo que yo suelo responder “si se lo pides, es más fácil que lo consigas, sino, lo que no es romántico es quedarte con las ganas”. Además expresan ideas como “si me quisiera sabría lo que quiero…”; no confundamos el amor con la videncia… Chicas y chicos: el amor es ciego (no vidente) así que, a pedir….de buenas maneras, pero a pedir, comunicar, orientar, contar, conversar, educar.

De modo que, nueva tarea: a ver cuántas veces, a lo largo de esta semana, te sientas con tu pareja para expresarle deseos, gustos, preferencias, sueños, ilusiones…proyectos…y por supuesto, que sea recíproco, a escuchar a tu pareja también.

“Lo que la gente piensa de mi…”

vonSchnauzer / Free Photos

¿Cuántas veces has hecho/dicho algo diferente a lo que te gustaría por miedo a lo que los demás opinen de ti…? ¿Cuántas veces has dejado de dar tu opinión por vergüenza de que los demás pensaran que no tienes ni idea? ¿Cuántas veces te has acabado sintiendo mal por no hacer lo que querías pero tenías miedo a que los otros se enfadaran contigo? Y al final de todo esto…¿los demás te lo han agradecido? Yo te daré la respuesta: NO. Y lo que aún es peor: ¿han dejado de opinar de ti? ¿nunca han pensado que no tenías ni idea? ¿no se han enfadado contigo por otros motivos? y….¿tan grave ha sido? seguro que TAN grave…no.

¿Y sabes por qué? pues verás….a ver si reconoces la siguiente secuencia:

Un amigo te pide tu opinión, a ti te preocupa no dar la respuesta “correcta” (por tu propia inseguridad) y le dices lo que crees que quiere escuchar (como si tuvieras un radar en tu cabeza que te dice exactamente lo que el otro piensa en ese momento) y acabas dando una opinión que no es la tuya (y quizás tampoco lo que el otro espera, por que por supuesto no saber leer la mente de nadie). Al final de todo esto, no te sientes satisfecho porque no te has expresasdo sinceramente y el otro ni te agradece tu opinión (quizás por que ni es lo que esperaba, ni sabe el esfuerzo que te ha costado).

El problema está en que muchas personas han recibido una educación en la que se han filtrado ideas de “necesitar gustar a la persona que tienes delante” y al final se ha generalizado a “necesitar gustar a todo el mundo” o lo que es casi lo mismo “que nadie hable/piense mal de mi”. Para conseguir eso (que no es probable) nos esforzaremos “lo que no está escrito” en hacer todo lo que creemos que los demás esperan de nosotros, olvidándonos, en efecto, del deseo más importante, que es “lo que nosotros esperamos y queremos de nosotros mismos”.

Y lo que digan los demás….??? si van a hablar de todas formas….no se puede gustar a todos…o es que a ti te gusta TODO lo que hacen los demás????

Tema para pensar….

Cómo acercarnos a personas que están en duelo.

A6U571N / Free Photos

Tradicionalmente se nos ha educado en ciertas costumbres, rituales a la hora de enfrentarnos a un funeral, y a veces no somos conscientes de si en realidad estamos ayudando o no a los dolientes.

Todos tenemos pérdidas personales y tal vez te hayas encontrado con el dilema de qué  hacer o decir, tanto el día del funeral como días, semanas después, cuando el resto del mundo continúa con su vida y los dolientes continúan con su dolor…

Aquí me gustaría contarte algunas de las cosas que convienen y que no a la hora de acercarte a personas en proceso de duelo, algunas de las más importantes son estas:

– No te plantees qué decir, lo importante es estar a su lado, aunque sea en silencio. Aprende a sentirte cómodo con el silencio del doliente.

– No inhibas la expresión de sentimientos del doliente. Aquellos comentarios del tipo “no llores más”, “déjalo ir en paz”, “piensa en tu familia, tienes que ser fuerte”…son inadecuados.

– Permite a la persona que exprese sus sentimientos, y ten cerca tu hombro el tiempo que haga falta, el tiempo lo marca él, su dolor. Escucha de forma comprensiva.

– Intenta tomar la iniciativa a la hora de ofrecer tu ayuda, las personas en duelo ni siquiera tienen fuerza para pedirte nada, incluso muchas veces “no quieren molestar” de modo que no lo harán.  Aquello de “cuando me necesites me llamas”, “si necesitas algo…ya sabes” aquí no van a servir.

– No le digas a la persona en duelo lo que tiene que hacer, en lugar de eso, estate atento a sus necesidades y ayudale en lo que veas preciso.

– Dejar a un lado frases del tipo “el tiempo lo cura todo” por que, no sólo no es cierto, sino que además, se van a sentir mal a medida que vaya pasando el tiempo y continúen con su dolor.

A veces, lo sencillo y natural es lo más cómodo para todos, y si, se te saltan las lágrimas al lado del doliente y provoca el llanto de éste, no sufras, le estás ayudando a expresar su duelo.

Un experimento para los que tengáis ansiedad.

Audringje / Free Photos

Normalmente, la ansiedad nos genera tanta frustración en nuestra vida cotidiana que acabamos generalizando las emociones, y así, pasamos de tener ansiedad y, por supuesto, sentirnos mal, a sentirnos mal casi por cualquier emoción que nos incomoda.

De este modo nos encontramos que empezamos sintiendonos mal por los síntomas de la ansiedad y pasado un tiempo nos sentimos igual de mal al estar cansados, tristes, enfadados, acalorados, agobiados….. ¿Te sientes identificad@ con esto que cuento?
Te propongo un experimento:

– Me gustaría que cogieras unos cuantos vasitos de plástico (de los de café) y a cada uno de ellos les escribieras un nombre, dependiendo de cuáles son las incomodidades que más malestar te ocasionan, por ejemplo: cansancio, calor, irritación, molestias premenstruales(solo para chicas!!), nerviosismo, enfado, ansiedad.

– Una vez anotado el “nombre” en cada uno de los vasitos, los colocas en fila, uno al lado de los otros en un lugar visible para ti, de fácil acceso, y cada vez que te sientas mal, te pares un momento, analices la emoción e introduzcas una bolita de papel en el que corresponda…

– A ver cuántos hay de los que no se llaman ANSIEDAD.

Objetivo: si sabemos distinguir las  diferentes emociones, no tendremos la sensación de tener SIEMPRE  ansiedad y por lo tanto, reestructuraremos nuestros pensamientos y,
consecuentemente nuestras reacciones emocionales haciéndolas más  adaptativas (sufriremos menos!!!).

A VER QUIÉN SE APUNTA……!!!

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Dedicated to the dreamers
Dedicated to the dreamers

Bienvenid@ al blog de Pilar Solana.

La idea de este blog es poder llegar a todas aquellas personas a quienes les interese la psicología clínica, bien por problemas emocionales o bien por interés personal. Sea como sea, mi objetivo va a ser siempre escribir acerca de aquellos temas que te preocupan para poder aportarte un poquito de claridad.

Si bien es cierto que muchos de los posts que aquí escribo surgen en el día a día de las dudas que trabajo con mis pacientes en consulta, te invito a que propongas tus propios temas, de manera que pueda haber dinamismo y llegue a más personas.

Gracias por estos años de interacción 😉

Pilar Solana, Psicóloga Clínica CV-04.650
almapsicologia.com

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