“Los límites no funcionan con mi hijo.”



zgrredek / Foter / CC BY-NC-ND

Hace un tiempo escribimos un artículo “Las rabietas: empezando a poner límites a nuestros hijos” donde mostramos la importancia de poner normas para favorecer el buen desarrollo emocional de nuestros hijos, pero ¿qué tipo de normas? ¿Cómo ponerlas en marcha?.

Los padres, que por supuesto desean lo mejor para sus hijos, buscan estas respuestas en su propia experiencia, revisan la forma de educar que han recibido de sus padres y aquellas estrategias que han visto de amigos y familiares, entre los progenitores tratan de ponerse de acuerdo en cómo actuar (aunque no siempre lo consiguen).

Una vez han decidido qué estrategia aplicar la ponen en marcha, pero como los niños no vienen con un libro de instrucciones debajo del brazo, una vez que se están poniendo en marcha las normas las dudas les asaltan y empiezan a pensar cosas del tipo: “¿realmente estoy haciendo lo correcto?” “¿esta norma es la adecuada para él?” “¿le estaré exigiendo demasiado?”, los hijos perciben esta inseguridad y se refuerza la conducta que pretenden cambiar. Los padres, viendo que la conducta del niño no cambia piensan cosas del tipo: ”¿y si me equivoco y le estoy dañando?”, “como llora tanto……los vecinos pensarán que le estoy maltratando”, “¿y si mi hijo deja de quererme?”, ”pobrecito, con lo mal que lo está pasando”, “¿y si cuando crezca cree que fui un mal padre?” , en ese momento acaban cediendo a las demandas del niño y terminan por darse por vencidos diciendo: “ ya he probado miles de cosas y nada funciona”, “¿Por qué me pasa a mi esto?”, “Los hijos de los demás no tienen este tipo de problemas” .
En este punto tratan de buscar ayuda en familiares y amigos que dan consejos sin tener en cuenta que existen infinidad de variables que interfieren a la hora de aplicar la modificación de conducta, desde el propio carácter del niño hasta las estrategias de afrontamiento de los padres, porque cuando educamos a un niño los padres, que son los cuidadores principales, sin darse cuenta proyectan sus inseguridades y sus problemas que acaban afectando al comportamiento de sus hijos.

Por esta razón acudir a un psicólogo puede ayudar a encontrar la mejor estrategia para solucionar el problema, ganar confianza en nuestras capacidades y trasmitirles lo mejor de nosotros mismos.

Lorena Pomer, Psicóloga CV-12054

http://www.almapsicologia.com

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